

¿Qué es la EPOC?
¿Qué son la bronquitis crónica
y el enfisema?
La importancia de la EPOC para
el paciente y para la sociedad
La causa de la EPOC
¿Cómo puedo sospechar si tengo
EPOC? ¿A quién debo consultar?
¿Cómo se diagnostica la EPOC?
¿Hay tratamiento?
¿Cómo suele evolucionar la EPOC?
¿Podemos luchar
contra la EPOC?
1.- ¿Qué es la EPOC?
La palabra EPOC corresponde a las iniciales
de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica y se trata de una enfermedad
que afecta a los pulmones de los fumadores fundamentalmente. Ya desde
el principio es importante tener bien presente que EPOC y tabaco están
íntimamente relacionados como iremos viendo a lo largo de estas líneas.
La característica principal de esta enfermedad es la aparición progresiva
de una obstrucción al flujo aéreo, y de ahí que en su propia denominación
se incluya la palabra “obstructiva”.
Otro de los aspectos fundamentales que se incluyen en la definición
de EPOC es el hecho de que la obstrucción al flujo aéreo no es reversible,
es decir, no es posible conseguir que el paciente con EPOC vuelva a
tener a través de sus bronquios un flujo aéreo normal. Aquí hay que
hacer hincapié en que el asma está excluida de la definición de EPOC
ya que en el asma la obstrucción sí es reversible y además se debe a
mecanismos distintos a los de la EPOC.
Para comprender lo que supone una obstrucción al flujo aéreo debemos
primero imaginarnos cómo funciona un pulmón sano: Imaginar cómo el aire
entra a través de los bronquios durante la inspiración hasta alcanzar
los alveolos pulmonares, entrega allí su contenido en oxígeno a la sangre,
recoge el anhídrido carbónico (CO2) que se produce como resultado
del metabolismo de las células de nuestro cuerpo y que es necesario
eliminar, y una vez realizado ese intercambio, el aire que entró fresco
y rico en oxígeno y que ahora está cargado un gas que es preciso eliminar,
sale al exterior en la espiración. De este modo, al final de la espiración
los pulmones quedan vacíos de aire y dispuestos a iniciar una nueva
inspiración para volver a cargarse de aire rico en oxígeno.
Pues bien, la obstrucción al flujo aéreo tiene como consecuencia que
el aire que penetra durante la inspiración encuentra serias dificultades
para poder salir de los pulmones durante la espiración. Al no vaciarse
los pulmones correctamente, la cantidad de aire que se puede tomar en
la inspiración disminuye y al progresar la enfermedad puede llegar un
momento en que el paciente es incapaz de movilizar suficiente aire para
respirar correctamente, con lo que aparecen los síntomas (fatiga o dificultad
para respirar) y se puede llegar a la insuficiencia respiratoria (falta
de oxígeno que puede ir unida a incapacidad para eliminar CO2 ).
Además en la EPOC se destruyen alveolos con lo que no sólo entra y sale
poco aire, sino que se pierde superficie de intercambio gaseoso con
la sangre, es decir, además de tener poco aire el pulmón no es capaz
de aprovechar bien lo poco que tiene. Pero además este pulmón y estos
bronquios deteriorados son presa fácil para infecciones y están llenos
de moco en el que los microbios encuentran un lugar ideal para crecer
y desarrollarse y aparecen así las temidas agudizaciones o exacerbaciones
de la EPOC en la que sus síntomas se hacen más intensos y aparece la
necesidad de hospitalizaciones para poderlas tratar, incluso haciendo
necesario el uso de aparatos de respiración asistida ya que el paciente
es incapaz de respirar por sí solo.
De este modo el deterioro va progresando hasta que llega un punto en
el que la fatiga y la falta de oxígeno son continuas, impiden poder
realizar cosas tan simples como caminar o asearse y las agudizaciones
son cada vez más frecuentes y también los ingresos en hospital. Estos
son los duros momentos finales de la EPOC, previos a la muerte que suele
ocurrir en el contexto de una de estas agudizaciones.
2.- ¿Por qué hay obstrucción
al flujo aéreo en la EPOC? ¿Qué son la bronquitis crónica y el enfisema?
El
origen de la EPOC se encuentra en una respuesta inflamatoria a una serie
de agentes agresivos y dañinos de los que el principal es el tabaco.
El daño que provocan esos agentes se localiza tanto en los bronquios
(desde los más gruesos o centrales hasta los más finos y periféricos
de dimensiones microscópicas) como en los alveolos pulmonares.
En los bronquios provocan inflamación, engrosamiento de la mucosa que
los recubre y hacen también que las glándulas y células secretoras de
moco produzcan grandes cantidades de mucosidad. Por eso los pacientes
con EPOC suelen tener tos y expectoración como uno de sus principales
síntomas. De hecho, la bronquitis crónica se define como la expectoración
de flemas durante al menos tres meses seguidos dos años consecutivos.
En las vías aéreas más finas, se producen también lesiones relacionadas
con el humo de tabaco, concretamente hay inflamación, fibrosis y proliferación
de músculo liso. Todos estos cambios harán que estas vías periféricas
se hagan más estrechas y tortuosas y así se dificultará el flujo de
aire a su través.
Además de las alteraciones bronquiales, en el pulmón del fumador se
producen lesiones en el parénquima pulmonar, es decir, en el tejido
pulmonar encargado de realizar el intercambio gaseoso entre el aire
que respiramos y la sangre. La lesión fundamental es el enfisema pulmonar,
término que se refiere a la destrucción de alveolos sin acompañarse
de fibrosis y que hace que desaparezca tejido pulmonar de modo que cada
vez hay menos disponible para respirar. Esta lesión es irreversible
ya desde su inicio y por ello es muy importante dejar de fumar cuanto
antes ya que el tejido pulmonar que se destruye no se puede recuperar.
El conjunto de estas alteraciones y especialmente las de las vías aéreas
periféricas y las de enfisema pulmonar, son las responsables de la obstrucción
al flujo aéreo. Como en el pulmón del fumador se dan todas al mismo
tiempo en mayor o menor grado, no es correcto decir que un paciente
tiene bronquitis crónica o que tiene enfisema, ya que con seguridad
tiene ambos. Por eso lo más correcto es referirnos a esta enfermedad
con el acrónimo formado por sus siglas: EPOC.
3.- La importancia
de la EPOC para el paciente y para la sociedad
Aproximadamente
un 15% de los fumadores llegan a tener EPOC. En España eso supone que
un 9,1% de la población de edad entre 40 y 69 años padece EPOC. En las
personas de más de 65 años, el porcentaje de personas con EPOC asciende
hasta un 19%. Además otro dato preocupante es que sólo un 22% de los
individuos que tienen EPOC están diagnosticados, lo que supone que en
el 78% restante la enfermedad sigue su curso progresivo y que sólo se
diagnosticará en fases muy evolucionadas, cuando las posibilidades de
tratamiento son ya muy reducidas.
Actualmente, la EPOC ocupa el cuarto lugar entre las enfermedades que
más muertes provocan en países de nuestro entorno, y se prevé que para
el año 2.020 sea la 3ª causa de muerte y la 5ª en cuanto a costes económicos.
La carga que esto supone para el sistema sanitario es muy importante:
el 35% de todas las consultas de neumología se deben a esta enfermedad
y provoca unas 39.000 hospitalizaciones al año. Los gastos que se generan
para atender a todos estos pacientes son elevadísimos, y en España se
calculó en 1998 un monto de 1.206 millones de euros.
4.- La causa de la EPOC
El que una persona padezca EPOC
depende de la combinación de una serie de factores. Unos se relacionan
con la susceptibilidad personal de cada paciente, que se debe fundamentalmente
a un origen genético, y lo más importante es, con mucho, la exposición
a:
-
Tabaco: el humo del tabaco es la causa fundamental
de la EPOC, tanto que se puede decir que ésta es una enfermedad casi
exclusiva de fumadores. La provoca el humo de cualquier tabaco, no
sólo de los cigarrillos sino también el de los puros y pipas. Aunque
este humo afecta sobre todo a los fumadores, hoy en día sabemos que
los no fumadores expuestos a humo de tabaco (los llamados fumadores
pasivos) también tienen más síntomas respiratorios y sobre todo se
ven afectados de manera muy especial los niños.
-
Otros humos que también pueden
tener un papel causal en la EPOC, aunque muy inferior al humo del
tabaco, son:
Humos, vapores e irritantes químicos procedentes generalmente de la
industria puede, si la exposición es lo bastante intensa y prolongada,
favorecer la aparición de la EPOC. En cuanto a la contaminación ambiental,
no está suficientemente demostrado que guarde relación con el origen
de esta enfermedad. Sin embargo, sí que la tiene el uso de calefacciones
y cocinas de leña o fuel en países terecermundistas, sin que estos
factores tengan trascendencia en nuestro entorno.
5.- ¿Cómo puedo sospechar
si tengo EPOC? ¿A quién debo consultar?
Ante todo, es de fundamental importancia
que el fumador sea consciente de los riesgos a que está expuesto como
consecuencia de su adicción y de la espectacular mejoría de calidad
de vida que puede alcanzar si abandona el tabaco. Estas dos premisas
son básicas en la motivación que moverá al fumador hacia el esfuerzo
de dejar de fumar.
La sintomatología de la EPOC aparece prácticamente en todos los fumadores,
ya que la mayor parte de ellos tienen tos y expectoración y algún grado
de disnea , ya sea debida a la EPOC o a la falta de ejercicio físico
o a ambos.
La EPOC se manifiesta inicialmente en la 4ª ó 5ª década de la vida,
aunque la tos y expectoración ya están presentes desde mucho antes en
la mayoría de los fumadores, aunque no tengan todavía EPOC propiamente
dicha. Es muy importante señalar que una vez que aparece la EPOC no
podemos devolver la normalidad a los pulmones del fumador, por lo que
nunca debemos esperar a que aparezcan síntomas para avisar sobre la
necesidad de dejar de fumar.
En general, todo fumador que tenga síntomas como:
debe considerar que es muy probable
que padezca EPOC y que debe ponerse en contacto cuanto antes con su
Médico para confirmar si padece EPOC, valorar su gravedad e iniciar
un plan de tratamiento que incluirá siempre una acción para dejar de
fumar.
6.- ¿Cómo se diagnostica la
EPOC?
Como hemos señalado antes, la sospecha
inicial debe suscitarse en cuanto aparezcan los síntomas que hemos mencionado
en el apartado anterior. El diagnóstico se basa en la demostración de
la existencia de una obstrucción al flujo aéreo, y esto se consigue
mediante una espirometría.
Una espirometría es una prueba en la que el paciente sopla en un aparato
que mide la cantidad de aire que el paciente es capaz de soplar y la
velocidad a la que expulsa el aire. La espirometría es una maniobra
forzada, es decir, para que tenga valor, debe esforzarse al máximo el
paciente en tomar todo el aire que sea capaz y luego expulsarlo (soplar)
con todas sus fuerzas y hasta vaciarse por completo. Se hacen varias
maniobras así hasta obtener tres que sean valorables y luego se mide
lo que ha soplado y se compara con lo que debería soplar una persona
sana de la misma edad, sexo y estatura que el paciente.
La espirometría se completa con una prueba broncodilatadora que consiste
en administrar una dosis de un broncodilatador en aerosol y luego repetir
al cabo de unos minutos la espirometría para ver si así se consigue
mejorar de modo significativo lo que es capaz de soplar el paciente.
La espirometría permite no sólo ver si hay obstrucción al flujo aéreo
sino también cuantificar dicha obstrucción, y eso tiene un gran valor
ya que, en general, a mayor obstrucción, peor pronóstico.
Además es necesario hacer una historia detallada para valorar los factores
de riesgo que haya en cada caso y que podamos mejorar y hacer otras
exploraciones como radiografía de tórax, gasometría arterial si se sospecha
insuficiencia respiratoria o electrocardiograma que permitirán apoyar
más el diagnóstico de EPOC y, sobre todo, descartar otras posibles causas
de la sintomatología que ha motivado la consulta.
7.- ¿Hay tratamiento?
El tratamiento ideal de cualquier enfermedad
es el curativo, es decir, aquel que permita eliminar la enfermedad y
devolver el órgano dañado a su situación de normalidad previa a la aparición
de la enfermedad. NO disponemos hoy en día de ningún medio que nos permita
alcanzar estos fines. Sin embargo, sí que sabemos qué hacer para detener
la progresión de la enfermedad y para aliviar su sintomatología.
Lo primero y, con mucha diferencia, lo más eficaz para tratar la EPOC
es abandonar el tabaquismo. De hecho ESTA ES LA UNICA POSIBILIDAD QUE
TENEMOS PARA DETENER EL PROGRESO DE LA ENFERMEDAD. Como las lesiones
que provoca la EPOC son irreversibles, es de la mayor importancia que
se abandone el tabaco cuanto antes, sin esperar a que aparezcan síntomas
ya que en ese caso es muy probable que éstos persistan una vez que se
ha abandonado el tabaquismo. Sin embargo, esto no debe desanimar al
paciente fumador con EPOC y con síntomas ya que dejando de fumar conseguirá
impedir que su enfermedad vaya a más. Como conclusión, hay que considerar
que SIEMPRE VALE LA PENA DEJAR DE FUMAR, Y CUANTO ANTES, MEJOR.
En el caso de que se identifiquen factores etiológicos de tipo profesional,
debe aconsejarse evitarlos mediante cambios en el puesto de trabajo,
aumento de las medidas de protección laboral o, en último extremo, cambio
de trabajo, cosa que en muchas ocasiones de muy difícil realización.
-
Broncodilatadores: son medicamentos
que se administran en aerosol y que tienen por objeto “abrir” los
bronquios permitiendo que el aire circule mejor a su través ya que
hacen que la obstrucción al flujo aéreo sea menor. Aunque un paciente
tenga una prueba broncodilatadora negativa, puede beneficiarse igualmente
de este tratamiento. Los aerosoles se pueden administrar con distintos
sistemas (cartucho presurizado, sistemas de polvo seco...). Es fundamental
que el paciente conozca el uso de su aerosol y lo maneje correctamente,
ya que de lo contrario, será como si no estuviese recibiendo ninguna
medicación. Los hay de distintos tipos y pueden utilizarse solos o
usar una combinación de varios fármacos según las características
de cada caso.
-
Corticoides: se utilizan por vía oral
o intravenosa en las agudizaciones. También pueden usarse en algunos
casos de forma crónica en aerosol, aunque su utilidad no está aún
completamente aclarada y sólo se usan en casos seleccionados. Antibióticos:
se utilizan por vía oral o intravenosa en las agudizaciones (los episodios
de aumento de tos, disnea y expectoración) cuando éstas son graves
o cuando se acompañan de signos que sugieren la presencia de infección
bronquial.
-
Digital y diuréticos: se utilizan encasos
avanzados en los que el deterioro pulmonar es tal que impide un correcto
funcionamiento del lado derecho del corazón.
-
Mucolíticos: Su utilidad no ha sido
demostrada. Hay algunos como la N acetil cisteína que pueden tener
además una acción antioxidante.
-
Oxígeno:  El
tratamiento con oxigenoterapia durante al menos 15 horas diarias se
ha demostrado que prolonga la supervivencia en pacientes con EPOC
que tengan insuficiencia respiratoria. Es muy importante diferenciar
insuficiencia respiratoria de fatiga o disnea: la insuficiencia respiratoria
es una situación que se caracteriza por la disminución de la cantidad
de oxígeno que hay en la sangre acompañada o no de un aumento de anhídrido
carbónico (CO 2). En concreto, para considerar indicada
la oxigenoterapia domiciliaria, debe estar la presión de oxígeno en
sangre (PO 2) por debajo de 55 mmHg ó por debajo de 60 mmHg
si la PCO2 es alta ó si hay repercusión de la EPOC en el ventrículo
derecho.
-
Rehabilitación: este es una de los
grandes cambios en el enfoque terapéutico de la EPOC que se han producido
en los últimos años: la realización de una rehabilitación respiratoria
adecuada consigue mejorar la calidad de vida del paciente con EPOC
y su tolerancia al esfuerzo, aunque no consigue que la función pulmonar
mejore, la calidad de vida del paciente se ve muy beneficiada. La
rehabilitación incluye ejercicios respiratorios, técnicas para facilitar
la expectoración, entrenamiento para mejorar la tolerancia al esfuerzo
y también aspectos psicológicos y de adecuación de la nutrición del
paciente tienen cabida en este importante apartado terapéutico.
-
Inmunizaciones: se aconseja vacunar
cada otoño de gripe a todos los pacientes con EPOC. También se aconseja
la vacuna antineumocócica en los casos de EPOC severa.
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Tratamiento quirúrgico de la EPOC:
En algunos casos muy avanzados puede intentarse los que se conoce
como cirugía de reducción de volumen pulmonar que intenta eliminar
parte del pulmón que no funciona y que dificulta además el funcionamiento
de las regiones pulmonares adyacentes. Es una cirugía agresiva y que
requiere estrictos programas de rehabilitación antes y después de
la cirugía y qu esólo en casos muy concretos puede intentarse. En
otros casos, en pacientes jóvenes y que cumplan una larga lista de
condiciones, puede realizarse un transplante pulmonar, uni o bilateral.
8.- ¿Cómo suele evolucionar
la EPOC?
Mientras el paciente siga fumando,
la tendencia de la EPOC es hacia un deterioro progresivo que acaba invariablemente
en la insuficiencia respiratoria y que provoca una reducción de la esperanza
del vida del fumador en unos 14 años en promedio. La pérdida de función
pulmonar es irreversible, es decir, lo que ha destruido el tabaco no
hay forma de que lo podamos recuperar. Por eso es de la mayor importancia
abandonar el tabaco cuanto antes, sin esperar a notar síntomas (tos,
flemas, falta de aire) ya que se trata de detener cuanto antes el deterioro
de los pulmones del fumador.
Los síntomas, complicaciones y pérdida de calidad de vida y de años
de vida se empieza a poner de manifiesto en el fumador adulto, a partir
de los 45 años de edad aproximadamente. Para entonces, muchos fumadores
llevan ya más de 20 años fumando. Es en esa época de fumador joven y
“sano” donde la acción contra el tabaco dará sus mayores frutos.
Esto no quiere decir que el fumador de más edad no se beneficie si deja
de fumar. Aunque su función pulmonar no se recuperará, hoy en día sabemos
que dejará de sufrir el deterioro acelerado de sus pulmones y que recuperará
el ritmo de pérdida de función pulmonar propio del paso de los años
que todos los seres humanos tenemos como consecuencia del proceso de
envejecimiento.
Cuando el fumador no deja el tabaco, la EPOC progresa, la función pulmonar
se deteriora, la sintomatología es diaria y llega a impedir poder desarrollar
una vida normal y, en fases más avanzadas, impide o dificulta seriamente
hacer esfuerzos ligeros como caminar en terreno llano o atender a las
necesidades básicas de la persona (aseo, comida...) por la disnea o
falta de aire que provocan estos pequeños esfuerzos. Todo este camino
de deterioro se ve salpicado por lo que se conoce como exacerbaciones
o agudizaciones de EPOC que son episodios, generalmente motivados por
infecciones respiratorias, de aumento de los síntomas para los que es
necesario instaurar tratamiento que puede ser necesario que se haga
en hospital y que tienen una elevada mortalidad.
9.- ¿Podemos luchar contra
la EPOC?
Dado
que conocemos la causa fundamental de la EPOC, tenemos la oportunidad
de luchar contra ella: el tabaco. Esa lucha se debe centrar sobre todo
en los más jóvenes, con el objetivo de que no empiecen a fumar y en
los que ya han empezado para evitar que se deteriore su función pulmonar
de manera que ya haya un compromiso para su esperanza de vida tanto
en cantidad como en calidad.
Si ya hay sintomatología sigue valiendo la pena dejar el tabaco ya que
aunque la EPOC persistirá, evitaremos su progresión.
Cuando hay sintomatología sugestiva de EPOC (tos, expectoración a diario,
disnea o falta de aire) es de gran importancia acudir al médico para
conseguir un diagnóstico precoz, identificar factores de riesgo y hacer
un plan de tratamiento. Aunque la EPOC es una enfermedad irreversible,
no debemos caer en el desánimo ya que hay muchas cosas que podemos hacer
para detener la progresión de la enfermedad y aliviar sus síntomas cuando
ésta ya se haya presentado: es importante consultar con el Médico de
Atención Primaria y el Neumólogo, establecer un plan de tratamiento
y seguirlo con la regularidad que en cada caso se estime necesaria.
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